Los resultados de PISA 2025 permiten hacer una lectura constructiva de la educación en España. En competencia científica, el alumnado español obtiene 477 puntos frente a los 482 del promedio de la OCDE y los 481 del total de la Unión Europea. La diferencia con la UE no es estadísticamente significativa. Además, España presenta una proporción de alumnado en los niveles bajos menor que las referencias internacionales, aunque sigue teniendo menos estudiantes en los niveles más altos.
Hay, por tanto, una base razonablemente sólida y bastante equitativa, pero también margen de mejora. En ese contexto, la robótica educativa y PISA pueden encontrarse en un terreno común: aplicar conocimientos, investigar, interpretar datos, resolver problemas y tomar decisiones razonadas.


Lo que pide PISA
PISA 2025 no evalúa únicamente si un alumno recuerda contenidos científicos. Su marco pone el foco en explicar fenómenos, construir y evaluar investigaciones, interpretar datos y evidencias de forma crítica, y utilizar información científica para tomar decisiones. Son competencias que conectan directamente con muchas actividades habituales en Tecnología y Digitalización.
Un proyecto de robótica obliga a pasar de la teoría a la acción. Si un robot debe detenerse a una determinada distancia, el alumnado tiene que comprender el sensor, programar una respuesta, realizar pruebas, observar errores y ajustar el sistema. Si diseña una solución automática para controlar luz o movimiento, necesita identificar variables, analizar resultados y justificar por qué una solución funciona mejor que otra.
Robótica educativa y PISA
La relación entre la robótica educativa y PISA no debe plantearse como una fórmula automática para subir una puntuación. El informe no demuestra que utilizar robots mejore directamente los resultados PISA. Lo interesante es que la metodología de proyectos permite trabajar de forma continuada varias de las competencias que la evaluación considera importantes.

PISA 2025 evalúa la capacidad para construir y evaluar investigaciones e interpretar datos y pruebas científicas de forma crítica.
Además, PISA 2025 aporta dos fortalezas que merece la pena aprovechar. El alumnado español declara niveles de curiosidad hacia las ciencias y de perseverancia superiores a las referencias de la OCDE. La robótica puede dar salida a esas actitudes porque plantea retos con una respuesta visible: probar, equivocarse, corregir y volver a intentarlo forma parte natural del proceso.

Pensamiento computacional aplicado
El pensamiento computacional aporta otra pieza importante. Descomponer un problema, ordenar una secuencia, detectar patrones, diseñar un algoritmo y depurar errores son procesos que requieren atención y razonamiento. Dentro de un proyecto físico, el programa deja de ser algo abstracto: sus consecuencias se pueden observar, medir y comparar.
También cambia el papel de la pantalla. PISA 2025 señala que el 29,2 % del alumnado español percibe distracciones por el uso de recursos digitales en muchas o todas las clases de ciencias. La cuestión no es tecnología sí o tecnología no, sino para qué se utiliza. Programar un robot, recoger datos de un sensor o documentar un proyecto convierte el dispositivo en una herramienta con un objetivo concreto.
Más que tecnología
El propio informe advierte de que disponer de recursos digitales, por sí solo, no explica el rendimiento. La infraestructura debe acompañarse de capacidad pedagógica y organizativa para integrar la tecnología de manera eficaz. Aquí los proyectos estructurados cobran especial sentido.
Complubot trabaja con una progresión de recursos, proyectos y materiales adaptables al nivel del alumnado. En Secundaria, soluciones como Crumble, Bilby o Compluino permiten combinar la programación de sensores y actuadores, electrónica, mecánica y la resolución de problemas. Los cuadernos y propuestas de actividades ayudan a que el material tenga un recorrido de aprendizaje y no se quede en una colección de componentes.
Una oportunidad para avanzar
PISA 2025 ofrece una fotografía con aspectos positivos y otros mejorables. España mantiene una posición favorable en equidad y evita que una proporción mayor de alumnado quede en los niveles más bajos, pero necesita aumentar el número de estudiantes capaces de alcanzar desempeños avanzados.
La robótica, los proyectos STEAM y el pensamiento computacional pueden contribuir a crear más situaciones en las que el alumnado tenga que preguntar, diseñar, programar, medir, analizar, explicar y mejorar. Esa es la conexión más útil entre la robótica educativa y PISA: no preparar una prueba, sino desarrollar de forma práctica competencias para afrontar problemas científicos y tecnológicos con mayor autonomía.




